Los ojos se hacen los ciegos, las bocas callan, las mentes se
sumen en los televisores y dejamos de pensar, ¿tal vez sea cierto que la
ignorancia nos hace felices?
Tal vez el no ver, no escuchar, no sentir y vivir en corazas,
nos haga menos daño. Pero la realidad no cambia, no cambia porque uno se tape
los ojos y calle silenciosamente. Las personas seguirán en la calle, así
desviemos la mirada, así se les regale un pan y la conciencia trate de respirar
un poco. Todo sigue allí, aunque la gente construya murallas para no sentir.
Mirar es difícil, reconocer que uno hace parte de la responsabilidad de lo que
pasa, lo es aún más.

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