lunes, 12 de noviembre de 2012

Autorretrato digital



Nunca me han gustado las autobiografías o autorretratos, lo siento como egocéntrico –si es que uno no lo es ya- o redundante. En relación que lo que uno hace siempre tiene una parte de uno mismo, una parte intima que me camufla entre los retazos de palabras, en el trazo de un dibujo. Hablar de uno mismo es aburridor, es más interesante si se encuentra escondido en un personaje de ficción o en un lunar mal formado que ocultamos. Esa visión superior, o inferior en el caso de los menos afortunados, de nosotros mismos. Esa idealización de nuestro ser o el ser que queremos llegar a ser y mostrar al mundo, nos proyectamos como queremos que otros nos miren, algo de lo que nos habla Zuleta antes del a creación digital, de esa visión que tenemos de nostros y deseamos proyectar, una imagen quizás ideal o anhelada.

¿Seremos seres en extremo vanidosos? Actuamos con misericordia cuando hablamos de los logros, resaltar tal vez los errores es necesario, mostrar que somos humanos, y luego sonreír cordialmente cuando admiran ciertas habilidades.  Nosotros controlamos esa imagen, proyectamos lo que queremos que miren los otros –no digo que actuemos todo el tiempo, en ciertas ocasiones, con personas que se ganan el espacio, nos mostramos sin tapujos- pero hay siempre un cierto control, sobre cómo actuar, que decir, cómo decirlo y así creamos una imagen.

Por su parte Slavoj Zizek,  nos habla de la mirada y de la imagen. Siendo la mirada interna una idealización como integralidad de la imagen que conforma nuestro yo. Esta mirada vista desde un extremo como algo patológico. La visión de un yo perfecto, sin errores y el control que este necesita para serlo.
No somos seres inocentes, no en su mayoría. Controlamos las cosas, sabemos que imagen proyectar y cómo hacerlo. Como otras veces, no planeamos las cosas y resultan mejor de lo planeado.