Acá les dejo el link del cuenta cuentos, un abre boca -espero- y parte de mi niñez..
http://www.youtube.com/watch?v=GyPOMez9a8k
La mente es volátil, sobretodo cuando tiene pantallas al frente. No considero realmente conveniente publicar mis pensamientos, pues serían demasiadas personas en mi cabeza. Pero se supone, o eso creo, que todo mundo escribe para que lo lean, escribimos para un otro. Aunque me agrada más el papel y la tinta que los diarios electrónicos y el olor a libros viejos que el sonido del tecleado, por algún lado se debe empezar.
lunes, 29 de octubre de 2012
Narración, tradición oral y medios.
La
narración no es igual a lo que era antes, las tradiciones cambian, los modos de
comunicarnos cambian. Antes se guardaba un espacio en una mesa, una hora o dos
a escuchar los relatos de los viejos. No se puede generalizar, no es que haya
dejado de existir, cada vez que nos tomamos un café, hablamos con un amigo,
contamos una historia, colocamos en práctica nuestra tradición oral. Contamos micro
relatos, en su mayoría sin mucha
cohesión; hablamos de esto y de lo otro y a veces no llegamos a alguna conclusión.
Pero lo ponemos en práctica. Hace poco me topé con un suceso extraño y
magnifico. Un niño al cual para dormir exige para dormir tres cosas, entre esas
que le narren un cuento, que muchas veces es inventado.
La
situación me pareció bastante curiosa,
porque no sólo se necesita de una pequeña cabecita capaz de mantener la atención
un tiempo, sino de una boca pegada a otra cabeza que pueda articular colores a
sus palabras. La capacidad de imaginación se agranda, cada noche es un cuento,
a la semana son siete y en un año son más de 365 historias que se le han creado
y han pintado en su cabeza. Yo crecí con
El cuenta cuentos, (The Storyteller) una creación de Jim Henson en 1987,
que abarcaba mitos alemanes, rusos y griegos, aunque era una serie de televisión
recogía mucho de los recursos de tradición oral y eso me encantaba, era ver a
un viejo al lado de una chimenea contándome historias que se iba a animando.
Esto
fue una de las primeras cosas que me acordé cuando leí El narrador de Walter Benjamin.
Es cierto que la imprenta cambio muchísimo las formas de tradición oral de la
misma forma en la que la red ahora cambia las formas en las que nos comunicamos
y narramos las cosas. Si bien es cierto
que hay un narrador perdido, no creo que la sabiduría se vaya a extinguir, son
nueva maneras de comprender el mundo, nuevas inteligencias, decir que una es
mejor que otra nos llevaría a un juicio moralista. Y no es que quiera ser
partidaria de una cierta mediación, yo tambien amo los libros más que a los
PDF, animaciones o libros potenciados.
Pero también tengo parte de una niña por dentro que le encanta ver cómo se
conecta el mundo en un sólo click.
También
tengo en cuenta que los textos leídos ahora, son lecturas en su mayoría
superficiales que nos van condicionando la forma en la que entendemos las
cosas, nos aburrimos con textos largos y complicados y desarrollamos una
rapidez para procesar información.
El
hecho es poder complementar las cosas, que tengamos un narrador adentro, que
sigan vivos y también llegar a las
nuevas generaciones desde medios más didácticos. Usar esta “no-cosa” de la que
nos habla Flusser, que es la información intangible, que nos permite ser un
jugador de sensaciones y experiencias. Pero sin volvernos entes programados que
sólo usamos las yemas de nuestros dedos para teclear y entrar a este mundo virtual. Se trata de
encontrar nuevos caminos pero no desconectarnos de este.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)